A Simple Vista

HUMANIZAR LA EDUCACIÓN

A pesar que las concepciones antropológicas basadas en el materialismo, el idealismo, el individualismo y el colectivismo, viven una fase de decadencia, todavía ejercen una cierta influencia cultural. A menudo ellas entienden la educación como un proceso de adiestramiento del individuo a la vida pública, en la que actúan las diferentes corrientes ideológicas, que compiten entre sí por la hegemonía cultural. En este contexto, la formación de la persona responde a otras exigencias: la afirmación de la cultura del consumo, de la ideología del conflicto, del pensamiento relativista, etc. Es necesario, por lo tanto, humanizar la educación; es decir, transformarla en un proceso en el cual cada persona pueda desarrollar sus actitudes profundas, su vocación y contribuir así a la vocación de la propia comunidad.

Nosotros ponemos a la persona al centro de la educación, en un marco de relaciones que constituyen una comunidad viva, interdependiente, unida a un destino común; en familia. [1]. No nos limitamos a ofrecer un servicio formativo, sino que nos ocupamos de los resultados del mismo en el contexto general de las aptitudes personales, morales y sociales de los participantes en el proceso educativo. No solicitamos simplemente al docente enseñar y a los estudiantes aprender, más bien impulsamos a todos a vivir, estudiar y actuar en relación a las razones del humanismo solidario. No programamos espacios de división ni de contraposición, al contrario, ofrecemos lugares de encuentro y de confrontación para crear proyectos educativos válidos. Se trata de una educación —al mismo tiempo— sólida y abierta, que rompe los muros de la exclusividad, promueve la riqueza y la diversidad de los talentos individuales y extiende el perímetro de la propia aula virtual en cada sector de la experiencia social, donde la educación puede generar solidaridad, comunión y conduce a compartir [2].

CULTURA DEL DIALOGO CIENTÍFICO

La vocación a la solidaridad nos llama a las personas e Instituciones del siglo XXI a afrontar los desafíos de la convivencia multicultural. En las sociedades globales conviven cotidianamente ciudadanos de tradiciones, culturas, religiones y visiones del mundo diferentes, y a menudo se producen incomprensiones y conflictos.

En tal virtud tenemos la grandísima responsabilidad de proveer a la formación de buenos cristianos que tengan una adecuada cultura del diálogo. El marco de valores en el cual vive, piensa y actúa el ciudadano que tiene una formación al diálogo está sostenido por principios relacionales (ciencia, gratuidad, libertad, igualdad, coherencia, paz y bien común) que entran de modo positivo y categórico en los programas didácticos y formativos de las instituciones y agencias que trabajan por el humanismo solidario.

HACIA UNA VERDADERA INCLUSIÓN

Antes que nada, uno de los objetivos principales de la USP es permitir a cada estudiante que se sienta miembro activo en la construcción del humanismo solidario. Los instrumentos utilizados deben favorecer el pluralismo, estableciendo espacios de diálogo finalizados a la representación de las instancias éticas y normativas. La educación al humanismo solidario debe tener una especial atención para que el aprendizaje de las ciencias corresponda a la conciencia de un universo ético donde la persona actúa. En particular, esta recta concepción del universo ético tiene que avanzar hacia la apertura de horizontes del bien común progresivamente más amplios, hasta llegar a toda la familia humana.

Este proceso inclusivo supera los límites de las personas que viven actualmente en el mundo. El progreso científico y tecnológico demostró en los últimos años, cómo las decisiones que se toman en el presente son capaces de influir en los estilos de vida y —en algunos casos— sobre la existencia de los ciudadanos de las futuras generaciones. «La noción de bien común incorpora también a las generaciones futuras»[3]. El ciudadano de hoy, de hecho, debe ser solidario con sus contemporáneos donde quiera que se encuentren, pero también con los futuros ciudadanos del planeta. Ya que «el problema es que no disponemos todavía de la cultura necesaria para enfrentar esta crisis […] y hace falta construir liderazgos que marquen caminos, buscando atender a las necesidades de las generaciones actuales incluyendo a todos, sin perjudicar a las generaciones futuras» entonces la tarea específica que puede realizar la educación al humanismo solidario es contribuir a edificar una cultura basada en la ética intergeneracional.

Hemos propuesto, como visión educativa, cuidar la humanidad del futuro, con quienes se debe ser solidarios tomando decisiones responsables. Es aún más verdadero con respecto a la formación académica, porque es a través de ella que se proporciona las competencias necesarias para tomar las decisiones decisivas del equilibrio de los sistemas humano-sociales, naturales, ambientales, etc.[4]. Los temas desarrollados en los cursos universitarios y de formación continua, asi como aquella educación básica abreviada, en este sentido, se conciben según un criterio decisivo para la evaluación de su calidad: la sostenibilidad con las exigencias de las generaciones futuras.

Las sociedades humanas, las comunidades, los pueblos, las naciones son el fruto del pasaje de la historia donde se revela una identidad específica en continua elaboración. Comprender la relación fecunda entre el devenir histórico de una comunidad y su vocación al bien común.

REDES DE COOPERACIÓN Y EDUCACIÓN VIRTUAL

Hacemos converger las iniciativas educativas y de investigación hacia los fines del humanismo solidario, con la conciencia que «no deberían permanecer dispersos o aislados, y menos aún opuestos por razones de prestigio o poder». Construimos redes de cooperación virtualizadas, desde el punto de vista educativo, escolar y académico, significa activar dinámicas incluyentes, en constante búsqueda de nuevas oportunidades para introducir en el propio circuito de enseñanza y aprendizaje sujetos distintos, especialmente aquellos que les resulta difícil aprovechar un plan una formación adecuado a sus necesidades. Recordando también, que la educación sigue siendo un recurso escaso en el mundo, considerando que existen sectores de la humanidad, que sufre por la falta de instituciones idóneas al desarrollo.

Damos prioridad a la cooperación en la investigación científica, prefiriendo la organización de investigaciones colectivas en todas las áreas del conocimiento, cuyos resultados puedan ser corroborados por la objetividad científica de la aplicación de lógicas, métodos y técnicas idóneas, como también por la experiencia de solidaridad realizada por los investigadores. Se trata de favorecer la formación de grupos de investigación integrados entre el personal docente, jóvenes investigadores, estudiantes, y la cooperación entre las instituciones académicas ubicadas en un contexto internacional.

En muchos lugares se solicita una educación que supere las dificultades de los procesos de masificación cultural, que producen los efectos nocivos de nivelación académica, y con ella, de manipulación consumista. Podemos ayudar a superar estos desafíos, ya que ofrecemos descentralización y especialización. La virtualización y la conectividad nos ha facilitado la concepción de una red no sólo de investigación sino — sobre todo — de servicio, donde interactuamos compartiendo nuevos descubrimientos, «intercambiando temporalmente los profesores y proveyendo en todo lo que pueda contribuir a una mayor cooperación y ayuda científica mutua» [6]

En Resumen, podemos decir que la USP está en sintonía con el aprendizaje para la gente, el planeta, la propseridad y la paz.

LA EDUCACION DE LA PERSONA HUMANA

Hemos adoptado dos principios generales provenientes del Concilio Vaticano II, válidos para todo sistema educativo: El primero se llama derecho universal a la educación: «Todos los hombres, de cualquier raza, condición y edad, en cuanto participantes de la dignidad de la persona, tienen el derecho inalienable de una educación, que responda al propio fin». – El segundo principio es: «Mas la verdadera educación se propone la formación de la persona humana en orden a su fin último y al bien de las varias sociedades, de las que el hombre es miembro y de cuyas responsabilidades deberá tomar parte una vez llegado a la madurez».

Para nosotros, la educación es, por lo tanto, una actividad eminentemente humanizante. No pretendemos sólo transmitir el patrimonio cultural / científico, aunque esta transmisión es esencial para el progreso social [7] ; procuramos despertar en cada estudiante sus virtualidades, su capacidad para conocerse, para hacerse cargo de sí mismo, para construirse de la manera más armoniosa, a pesar de los defectos de carácter y de las heridas de la existencia, para convertirse en un ser de libertad, responsable de sus actos y de su devenir, que sea autosuficiente económicamente y capaz de manejar su propia empresa individual o en cooperativa. En fin, la educación que proponmos pretende asegurar el paso de la virtualidad a la virtud.

Recordando el sentido profundo de toda educación, nos oponemos a todas las tendencias de despersonalización: la tecnocracia que pretende hacer de la escuela un tiempo de aprendizaje técnico, el mercantilismo que intenta hacer de la escuela una preparación inmediata a las leyes del mercado, la tiranía que representa al fin y al cabo el materialismo, la ideología y el fundamentalismo religioso.

SOMOS COMUNIDAD EDUCATIVA INTEGRAL

La Familia

Reconocemos a los padres como principales educadores de sus hijos y velamos por la educación continua de todos. En la Universidad todos somos una gran familia educativa, donde el estado no debe imponer su dominio exclusivo, ayer en el ámbito del fascismo, del nacional-socialismo o del marxismo, hoy en día cuando el liberalismo dominante tiende a que la escuela sea una especie de auxiliar del mercado.

Los Docentes

La educación no es obra de una institución, sino de una comunidad educativa que se pone al servicio de la persona. Esta es sin duda una de la grandes afirmaciones de la USP. La verdadera escuela no es en primer lugar una institución, sino un «centro (de vida) de cuya laboriosidad y de cuyos beneficios deben participar a un tiempo las familias, los maestros, las diversas asociaciones que promueven la vida cultural, cívica y religiosa, la sociedad civil y toda la comunidad humana».

La Iglesia

Cuando hablamos de Iglesia lo hacemos en nombre del respeto y de la libertad de conciencia y de culto. En el sentido propio del desarrollo espiritual necesario para la humanidad. La Iglesia también es una comunidad educativa formal. [8].

Libertad

Garantizamos y respetamos la libertad de conciencia de cada alumno y docente.

Vocación de la USP

Nuestra vocación es científica, humanista, Católica según el Modelo Educativo Salesiano heredado por Don Bosco. Pese a ello, no somos Universidad Católica, y carecemos de vínculos legales con la Comunidad Salesiana. Estamos sujetos al marco Jurídico de la República de Panamá con facultades para operar de manera internacional en la mayoría de países alrededor del mundo.

La Universidad Salesiana de Panamá S.A. es una Sociedad Anónima debidamente inscrita en la República de Panamá. RUC 155640778-2-2016 DV 75. Notaría 12. Folio Real 155640778 del 1/12/2016. DGI 302000037501 12/12/2016

Representante Legal: Henry Martin Kurwan / Localitá Marritza 62, 07037 Sorso, SS. Italia henry@salesians.de

INFORMACION LEGAL

[1] Papa Francisco, Discurso a los participantes a la Asamblea plenaria de la Congregación para la Educación Católica, 9 de febrero de 2017.

[2] Papa Francisco, Discurso a los participantes al Congreso mundial “Educar hoy y mañana. Una pasión que se renueva” promovido por la Congregación para la Educación Católica, Roma, 21 de noviembre de 2015.

[3]  Papa Francisco, Carta encíclica sobre el cuidado de la casa común Laudato si’ (24 de mayo de 2015)

[4] Cf. Juan Pablo II, Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae (15 de agosto de 1990), 34.

[5] Populorum progressio, 17

[6] Concilio Ecuménico Vaticano II, Declaración sobre la Educación Católica Gravissimum educationis, 12

[7] Francis George, «Catholic Higher Education and Ecclesial Communion », Origins, 28/35 (18 de febrero de 1999), p. 611 ; cf. Donald Wuerl, «The Institutional Identity of a Catholic University », Origins, 29/15 (23 de septiembre de 1999), p. 234.

[8] JUAN Pablo II, Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae, 15 agosto de 1990, n. 1. La expresión « Magna charta » es del papa (n. 8).